viernes, 15 de octubre de 2010

Y PESE A TODO… de Juan de Dios Garduño. Por Jorge Zarco Rodríguez

Crítica literaria de la RED DE CIENCIA FICCIÓN:

Todos los aficionados al terror de nuestra generación; los ochenta, crecimos leyendo a Stephen King y viendo las películas de Zombis de George A. Romero, las mejores con diferencia hasta que llegó Danny Boyle y sus 28 días después. A partir de ahí se generó una fiebre tanto en cine como en cómic y literatura por “cambiar” al zombi tradicional haciéndole más peligroso, más rápido, más mutante e incluso más inteligente. Sin olvidarnos de Jaume Balagueró, Paco Plaza y REC. Eso sí, salvo pocas excepciones su gusto por la carne humana fresca seguía intacto y la metáfora social que el zombi simboliza como esa violencia que se apodera del homo sapiens cuando esa fina capa llamada civilización se resquebraja por cualquier acto fortuito de nuestra ambigua e imprevisible conducta … creo que saben de sobra de que hablo. De todos los libros de los que he podido hablar hasta ahora, este es uno de esos casos insólitos en que he podido conocer en persona al autor: Juan de Dios Garduño. En tiempos de novelas de a duro hubiera firmado como John God Garduño (eh, eh, eh… es broma) pero estos son tiempos en los que autores en lengua castellana han de firmar sus trabajos sin avergonzarse de sus orígenes, con nombres y apellidos como debe ser. Aunque se escriba como lo haría un autor americano, ambientando su trama en Bangor, estado de Maine, la América profunda, rural, que vota republicano y es temerosa de Dios y amante de las armas. Sí, sí, como lo haría Stephen King, ya que Y PESE A TODO es un homenaje al autor de terror más popular y del que han bebido todos los autores de su generación (con perdón de Peter Straub y Clive Barker). Un paisaje nevado, el silencio tras una guerra global infectada de armas biológicas y dos vecinos con un rencor mutuo al que circunstancias que se salen (totalmente) de lo normal volverán a acercar intereses comunes tan vitales como la supervivencia, un tema que también conecta con otro autor tan ochentero e imprescindible como el cineasta John Carpenter que adaptó a King. Y zombis diferentes, albinos, parecidos a Gárgolas, más mutantes que podridos y quien sabe, quizá los futuros herederos de la tierra, o quizá no. Escrita con agilidad, se lee rápido y hace guiños continuamente a los personajes y lugares comunes de las novelas de King: Dos vecinos; uno frente a otro, uno con una hija y un perro, el otro amante de las armas y la cerveza y en medio criaturas producto de una tercera guerra mundial insólita pero no imposible, ya que la posibilidad de usar antes armas biológicas que nucleares no es en absoluto una exageración. Otra cosa serían las consecuencias de esas armas… Si el terror nos encanta es por que permite meter una situación totalmente irreal dentro de un contexto cotidiano y hacerla verosímil. Quizá la guerra y los zombis son solo un pretexto para hablar de una reconciliación entre dos vecinos, quizá forzosa y obligada por las circunstancias, pero que deja un poso de esperanza a pesar de que el horror la niegue en cada momento. Supervivientes enloquecidos, la espera constante de un ataque en cada momento y el acoso de las criaturas a los cercados protagonistas; ese guiño definitivo al film que lo comenzó todo: La noche de los muertos vivientes Pero Garduño es en el fondo optimista y permite ver que siempre hay esperanza por desesperada que sea la situación y a mi parecer el libro tiene un gran aliciente: Su extensión; es corta y no rellena ni agota páginas inútilmente en unos tiempos de mamotretos parecidos a interminables guías telefónicas. Y eso se agradece.

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