domingo, 7 de noviembre de 2010

Plack. Poe felipe Ibarra Cortez

El insecto estaba alojado al interior de la prenda. Plack al articular sus dedos, una vez puesto el guante desesperó al bicharraco y este le picó en la unión de los dedos medio y anular.
Apenas alcanzó a sacudir la mano con locura, antes de abrazar con su otra mano la muñeca derecha. Flectó las rodillas y se encuclilló, sin caer completamente al suelo. Trató de enderezarse. El fulgurante dolor nacía desde su mano en palpitaciones continuas. Entonces, atinó a sacarse el guante y al tratar de moverlo un segundo y un tercer punzazo estremecieron, desde la mano, todo el cuerpo de Plack. No pudo evitar un grito cerrado y el asomo de lágrimas espesas que no alcanzaron a rodar por su cara.
Maquinalmente tomó la punta de la tela del extremo del dedo medio y dio un fuerte tirón, arrojando la prenda al suelo. Dio un pisotón y lo que sea que hubiese allí dentro fue muerto y luego maldecido por Plack.

Una viscosidad verde venía a vislumbrarse por entre la tela, y se mezcló con la tierra que dejó el zapato de Plack al momento de pisar el guante.
Volvió la vista hacia su mano. Agarrotados sus dedos se separaban en exagerada contorsión. Poco a poco el eléctrico impulso corría bajo su piel, por el brazo.

Sacóse la chaqueta y la arrojó a la cama justo antes de que la parálisis fuese completa y se entregó al piso. Alzó los brazos invadido de dolor, calambres indómitos resquebrajaron sus entrañas desformando sus miembros, comprimiendo las porciones musculares, las piernas se crisparon, se arrastraban por la alfombra, ajenas a todo control. En estado deplorable alcanzó a ver pequeñas pintitas negras que como estrellas constelaban la palma de su mano, y venían a pintarse en su muñeca, a lo largo del brazo. Su rostro de empalideció, diríase que un tono verde, azuloso dominaba esa palidez de muerte. Al poco rato, las escasas regiones de su cuerpo que no hervían en llagas negras, sangrantes, se vinieron a pintar de este pálido verdoso inquietante hasta la histeria. De su nariz dos hilos de sangre venían a caer por los costados de su boca, ésta se encontraba apretujada como si hubiese sufrido un golpe con un garrote. Sus fauces, en tanto, estaban hinchadas, lo que le daba un aspecto parecido al que tienen cierto tipo de sapos gordos y malevos.
Engrosábance las arterias hasta casi estallar. En su rostro cientos de venas palpitantes, oscurecidas, se marcaron contra el pálido verdoso de su piel, haciendo recordar una especie de mapa terrorífico, un engranaje de cañerías averiadas bombeando petróleo. Se arrastraban por entre las venas de su rostro pesados bultos, coágulos que se movían lentamente, como babosas. Plack, sin embargo, parecía como entregado al sueño.
Repentinamente dos protuberancias rasgaron su espalda por sobre los hombros, y le hicieron enderezar el cuerpo. En el acto se duplicaron las convulsiones, y pareció que al cuerpo de Plack le volvía la vida. El mentón se le arremangó a la cara, al tiempo que la mandíbula superior fue provista de enormes colmillos. Sus ropas rasgadas desde dentro cayeron dejando a la vista sendos manchones de pelo ralo, oscuro y grasiento. De su abdomen, ahora abultado groseramente, nacían seis patas, que en combinación con lo que antes eran sus piernas (y ahora dos patas peludas con varias rodillas, terminada en una especie de pezuña blanduzca) hacían perfecto juego en utilidad y proporciones.
Por fin, aunque dificultosamente, la cosa extraña esta se puso de pié.

Si de poder detenerse a observar en detalle la cabeza de este fascinante monstruo se tratara, veríanse primeramente sus ojos, como calidoscopios impenetrables, obscuros como espejos negros, llamaría la atención, entonces, un pequeño punto, puerta de todas las maldiciones, dibujado en el centro de sus muchos ojos.
Por último sus brazos se contrajeron, quedando como tenazas pequeñas, que terminaron de dar forma a la monstruosa alimaña con horripilante forma de insecto. Ensayó un par de movimientos, reconociendo su nuevo cuerpo, excretó una asquerosa leche amarillenta de olor espantoso y escapó por la ventana.


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