Cronica de la Hispacon: Día 1, Por Jorge Zarco Rodríguez

Llego al lugar, la casa cultural de Busjassot. A diferencia de los ya lejanos comienzos de los 90, el escenario ya no es al aire libre y se ha construido una sólida carpa que lo cubre casi todo. Reconozco a Laura Gallego tomando un café y voy a por mi acreditación; los colegas me regalan un bolsazo con chucherías varias... libros, información, un cubo rubik, una naranjita, etc... Me encuentro con Anika, José Vicente Ortuño, Carmen Cabello y compañía, J.J. Arnau, Juan Miguel Aguilera y le he saludado al veterano Carlos Sáiz Cidoncha, le he comprado un libro.

Presentaciones oficiales y discursos más currados de lo normal tras un entrante (bendita sea el agua fresca). Mesa de debate acerca de las facílidades y dificultades de las mujeres a la hora de públicar y verse reconocidas por sí mismas. Entrañable Laura Gallego con jugosas anecdotas, reivindicativa Laura Vallejo (escritoras), contundente Anika (bloguera), prometedora María Cirujano (editora) y entrañables Carmen Cabello y Sergio Alarte (Asociación de espada y brujeria) y una pregunta: ¿por qué nos sigue extrañando a estas alturas, que una chica lea libros de fantasía e incluso, los escriba?. Incluso no solo hay escritoras que tienen que hacerse pasar por hombres, sino hombres que también se hacen pasar por escritoras. Faltó Pilar Pedraza, lastima.

 Salgo corriendo para cubrir la presentación en la sala B de la asociación TERBI procedente de tierras vascas y hablo con Juan Moro y Joseba Paulorena, buena gente. En la A, el colega Sergio Mars presentó LA MIRADA DE PEGASO y un veterano como Rodolfo Martínez triunfa con su presentación de los libros EL CARPINTERO Y LA LLUVIA y CABOS SUELTOS. A continuación un miembro de la web Espada y brujeria; Joaquín Sanjuán presentó en sociedad la primera parte de lo que se promete una trilogía: LEYENDAS DE LACENOR: LA CIUDAD BLANCA, una saga que ha llevado mascando bastantes años, suerte. Y volviendo a la sala B, charla con los Trekkies de Espatrek, nos vemos en Valencia.

Mediodía y un café con los miembros de Espada y brujería y vuelta a empezar a las 5:00.

Mientras en la sala principal presentan "Clásicos redivivos: invasión zombi en la educación literaria" a cargo de José Rovira y después la asociación catacumba da una muestra de cortos de la semana de cine fantástico y de terror de Godella, un servidor cubre la presentación de cuatro libros de terror que prometen mucho y se revelan harto sugerentes.

GÉNESIS de Antonio Domenech, apuesta por un lenguaje explícito, vampíros súcios y sexuales, tres mujeres protagonistas inspiradas en novias del autor, lesbianismo, citas bíblicas y una voluntad de romper las reglas para escribir ficción por placer, pillar de múltiples fuentes y hacer disfrutar al lector falto de prejuicios,

LA VÍA LÁCTEA de José Vacaro Ruiz llega mucho más lejos al abordar uno de los temas tabú de la sociedad "civilizada": el canibalismo... infantil, a través de la figura de un ogro postmoderno que devora bebes. Lo que la ha llevado a ser ignorada (mejor dicho, censurada) por los médios de comunicación en una muestra de conservadurismo mediático en nuestra sociedad de la "libertad de expresión" que huele a podrido (¿recuerdan la vergonzante censura sobre SAW 6?). Para que luego hablen algunos de tolerancia.

LA MUJER ÍGNEA forma parte de un grúpo de cuentos de José Luís Muñoz de tono siniestro y realismo súcio, que es precisamente la literatura que vale la pena, la que tiene vocación de romper moldes. Su autor recordó haber sido premiado por una sociedad gastronómica por un relato sobre canibalismo. Cosas de la vida.

Y Joe E. Alamo no necesita presentación; buen amigo y autor de PENITENCIA ya comentáda por un servidor. Acompañado por Anika y su editor Raúl (no recuerdo su apellido) de la editorial granadina Ajec, una de las que más se moja con los autores en cuanto a riesgo y arrojo. Alamo recordó que hay que observar tu entorno para recopilar detalles y si es en los bares populares de tu barrio, mejor. Tercera novela en imprenta y cuarta terminandose. Esperamos impacientes.



Hyperion, Por Carlos Perales


Hyperion, ganadora de los premios Hugo (1990), Locus (1900) e Ignotus (1991), fue escrita en 1989 por Dan Simmons, y es el primer libro de la saga Los Cantos de Hyperion. Lo recomiendo a todo el mundo. ¿Por qué? Porque es atractivo, muy narrativo, sin dejar de evocar mundos fascinantes que nos recuerdan siempre a la Tierra, la “Vieja Tierra”.

En la historia principal, desarrollada en el siglo XXVIII después de Cristo, la Tierra fue destruida en un experimento de teleportación y la humanidad se ha desperdigado por el universo, emprendiendo una Hégira a gran escala y colonizando cientos de planetas por todo el universo. Unos cuantos forman la Hegemonía, una coalición de mundos a la que cada vez van anexionándose más planetas e instaurando “teleyectores” (puertas espacio-temporales) por todo el universo. Siete ciudadanos elegidos al azar por una nueva religión llamada Iglesia de la Expiación Final deberán realizar el viaje de sus vidas: llegar a las Tumbas del Tiempo, un conjunto de monumentos ubicado en el planeta Hyperión, anteriores a la llegada de humanos a dicho planeta. Las Tumbas están protegidas por unas extrañas mareas del tiempo, que han fascinado a los científicos durante años, y por un sobrecogedor guardián: el Alcaudón. Este ser de tres metros de alto, cuerpo de metal y piel de mercurio, es un asesino orgánico-máquina recubierto de afilados aguijones metálicos, que mata sin piedad a todo aquello que esté dentro del radio de las mareas del tiempo, y tiene la costumbre de empalar a sus víctimas en su Árbol del Dolor para que sufran el resto de la eternidad. Según dicen, tiene el poder de conceder el deseo a uno de los peregrinos que viajen a las Tumbas del Tiempo... a cambio de las vidas de todos los demás.

Todos estos siete peregrinos tienen una historia que contar, algo que les relaciona con el planeta al que van: Lenar Hoyt, un cura católico que perdió a un amigo autoexiliado a Hyperión y que tuvo un contacto con el Alcaudón; Fedmahn Kassad, un coronel de la fuerza militar de la Hegemonía quien luchó codo con codo con el guardián de las Tumbas contra los exters, seres descendientes de los humanos que han evolucionado y que planean en la actualidad conquistar Hyperión; Martin Silenus, un anciano poeta de Vieja Tierra (la Tierra original) que vivió en la Ciudad de los Poetas, en Hyperión, y que gracias a la matanza del Alcaudón recobró su musa artística; Brawme Lamia, una detective privada que concedió ayuda a una recreación artificial del poeta John Keats (sí, curiosamente, el escritor del poema inconcluso llamado Hyperion); Sol Weintraub, un profesor judío cuya hija estudió las Tumbas del Tiempo y contrajo el Mal de Merlín, que hace que la chica rejuvenezca cada día, hasta el inicio/final de sus días; Het Masteen, un templario moderno (en la Hegemonía los templarios se consagran al culto de la naturaleza) del cual sabemos muy poco y un cónsul de la Hegemonía, cuyo nombre no conocemos, con un pasado muy oscuro...

Más allá del nombre de los libros (su continuación, La Caída de Hyperión, también es un poema del poeta John Keats), el autor realiza constantes guiños al poeta romántico, que nació en Inglaterra en 1795 y murió de tuberculosis en Roma en 1821. Keats toma parte de la trama de forma activa en forma de cíbrido, algo así como un cíborg, sólo que con cuerpo totalmente humano y personalidad artificial. El TecnoNúcleo (espacio no físico donde residen las Inteligencias Artificiales que ayudan a la Hegemonía) recreó varias vidas anteriores a la Hégira a partir de libros, cartas, anotaciones... de dichas personas, y fabricó cuerpos orgánicos donde alojar parte de la personalidad de estas personas de manera física (el resto quedaría guardado en el TecnoNúcleo). Así, la recreación del poeta John Keats toma parte en la historia propia historia, y es el pilar base entre la detective Brawne Lamia y el Alcaudón.

Son muchas las delicias que llevan a uno a disfrutar de su lectura: un rico vocabulario; una intrincada trama que se extiende por toda la Hegemonía: grandes dosis descriptivas mezcladas, sobre todo en el pasaje del poeta (“De cualquier modo, nací. Nací en la Tierra... en Vieja Tierra... y que le den por el culo, Lamia, si no me cree. […] Crepúsculos frágiles que pasaban del violeta al fucsia y al púrpura sobre las siluetas de crespón de los árboles, más allá del jardín sudoeste […] El silencio presinfónico de las primeras luces seguido por la percusión del amanecer”); reflexiones sobre arduas decisiones, como las del profesor, al cual se le plantea el dilema de Abraham relacionándolo con su hija y el Alcaudón, o las del cura sobre la resurrección entendida científicamente; amplia profundización de las personalidades de los personajes (desde el viejo poeta hasta el leal aunque práctico coronel, pasando por el tímido cura, el erudito profesor judío y el reservado cónsul); mucha acción, arraigada sobre todo en los recuerdos del coronel y de la detective; alusiones a la literatura clásica (el ebrio poeta a menudo recita versos de Keats y relaciona al Alcaudón con Grendel, del poema épico Beowulf) ... todo ello con un gran toque de ciencia-ficción. Curiosamente, este libro sirve casi exclusivamente de prólogo para la historia de los Cantos: nos ayuda a situarnos, a entender los personajes y preparar el universo del tercer libro, Endymion, el cual que nos sitúa dos siglos y medio después de los acontecimientos del segundo libro, La Caída de Hyperion.


Relampague

La ciencia ficcion en la literatura, Por Adriana Alarco de Zadra

La ciencia ficción se convierte paulatinamente en literatura. Hasta hace unos años se la aislaba del cuadro general literario. Hoy se entiende que es una expresión literaria que hipotiza sobre tiempos y lugares diferentes al nuestro, en lugares desconocidos e imaginarios atados al nuestro a través de la fantasía y de la ciencia.
No relata solamente historias sobre naves, robots, planetas imaginarios y extraterrestres. Trata también de sugerir algo que va más allá de esos significados: utopías, esperanzas, hipótesis, proyectos y rebeliones fantacientíficas.

Es difícil demostrar que la ciencia ficción es literatura, tanto como puede serlo una novela histórica o una historia de amor, porque provoca reacciones opuestas en los literatos. Pero sí han sido descritas como novelas científicas que proponen ideas de vanguardia sobre un futuro imaginario en formas diversas. La ciencia ficción, cuando no renuncia a su integridad expresiva, contribuye a producir módulos narrativos que captan las contradicciones del presente, proponiendo nuevos modelos existenciales. Cuando se mezcla ciencia e imaginación, los resultados fantásticos sugieren claramente otros mundos increíbles y lejanos.
Ello nos lleva a interpretar nuestras impaciencias sociológicas, nuestros mundos milimetrados, nuestras falsas ideas discutibles, imaginando, en cambio, nuevos esquemas socio políticos en un contexto innovador. Este sentido que podemos llamar de lo «irreal maravilloso» nos consiente viajar con la imaginación y visitar una sociedad por descubrir, gracias a las narraciones de los escritores contemporáneos. Narraciones tanto poéticas, filosóficas, científicas, como indudablemente literarias, a las que llamamos ciencia ficción.
Hay quien afirma que la ciencia ficción en inglés empezó en el año 1926, cuando Hugo Gernsback ideó la palabra «science fiction». Luego se fue extendiendo en todos los países y en todas las lenguas con bastante popularidad entre lectores de todas las edades. Esta nueva literatura nos crea emociones nuevas y estimulantes ya que envuelve a todo el universo desde el inicio de los tiempos a otros mundos finales. Está escrita para quienes se preocupan del futuro y sienten la necesidad de pensar y de soñar, explorando conceptos sorprendentes sobre las posibilidades y los problemas del progreso tecnológico.
La ciencia ficción es diálogo. Es el encuentro entre elementos imaginarios y la prosaica realidad práctica, el cual explora un futuro a través de la ciencia. ¿Y la naturaleza? ¿Qué le debemos a cambio de su generosidad? Nuestra imaginación se desborda encontrando nuevos seres, otros genes y vidas en mundos asombrosos. Como nuestro presente se ha convertido ya, en realidad, en un mundo fantacientífico, nos envuelven nuevas emociones con antiguos intereses humanos. Vivimos fascinados de nuestras experiencias tecnológicas, de nuestros miedos ancestrales, de nuestras esperanzas en un mundo nuevo. Por lo tanto, escribir ciencia ficción nos da la oportunidad de explorar nuestros sueños para sentirnos arqueólogos de nuestro propio mundo interior.

UTOPÍA FINAL, Por varios autores

A continuación, la nota de prensa del libro UTOPÍA FINAL, el libro que recoge los ganadores y finalistas del premio Andrómeda de de Política Ficción. En ella, podréis ver que sobre un mismo tema propuesto, se pueden dar cantidad de situaciones; pero es cuando te sumerges en la lectura, cuando te das cuenta de la variedad de variaciones sobre un mismo tema. Así, sobre la base de Política ficción, los autores han llegado a jugar con las Utopías y Distopías futuristas -las sociales y las personales-, la lucha por la independencia, la space ópera más pura, la lucha de la monarquía contra la república, se nos han presentado presidentes caprichosos, príncipes díscolos, reinas con androides a su servicio, republicanos al servicio de la monarquía, la religión del dólar, países unipersonales… toda una pléyade de temas sobre un denominador común.

Por otro lado, al ser un concurso de relatos, podemos estar más o menos de acuerdo con el veredicto, y con la calidad mayor o menor de unos y otros; pero lo que es seguro es que encontraremos relatos para todos los gustos. En breve, una reseña pormenorizada del libro.
J. Javier Arnau

UTOPÍA FINAL

En la ciudad de Fármanon un sistema médico evita las desigualdades de pensamiento.
¿Cuál es el previsible futuro de los derechos constitucionales?
¿Qué secreto se esconde detrás de una sociedad que fomenta el sexo universal, irrestricto y obligatorio?
En cualquier tiempo siempre hay quien basa la estrategia del cambio en la violencia.
El descubrimiento de la civilización tardasiana influirá en el delicado equilibrio sociopolítico de la Federación Luna-Marte-Tierra.
En Juno, para salvar a la monarquía recurren precisamente a un republicano.
¿Cómo sería una sociedad en la que el uso imágenes estuviera prohibido?
¿Quienes gobiernan más: los políticos o los medios de comunicación?
¿Tienen cabida dentro de un mundo globalizado conceptos como raza, patriotismo o identidad nacional?
¿Qué acciones pueden considerarse un asunto de estado?
¿Por qué los logros de otras culturas nos inspiran tanto temor como para querer borrarlas de la historia?
Aridem es la sociedad que presenta la democracia directa más sólida, defendida por el Protocolo Pretor.
¿Qué ciudadano o plebeyo conoce el único y verdadero rostro de su rey?
¿Es necesario regular que un hombre no llegue a votar en contra de sus intereses?
¿Qué tenía la nave diplomática Orquídea para provocar el Armisticio entre la Tierra y Centauro?
¿Se pueden considerar como racionales a los pensadores utópicos?
Y un impagable artículo sobre la Política en la literatura de Ciencia Ficción.

Textos de: José Ramón Vila (Txerra), Andrés M. Cardiel Martínez, Fabián Plaza Miranda, Mario Daniel Martín, Óscar Bastante Godina, Antonio Moreno Álvarez, Pablo de Aguilar González, Miguel Fernando Mendoza Luna, Félix Remirez Salinas, Gabriel Benítez Lozano, Erlantz F. de Gamboa, Magnus Dagon, Abrahan David Zaracho Ávalos, Óscar Daniel Salomón, Carlos M. Aguilera Álvarez, Jordi Armengol Carner y Claudio Landete Anaya.

La ciencia ficcion en la literatura, Por Adriana Alarco de Zadra

La ciencia ficción se convierte paulatinamente en literatura. Hasta hace unos años se la aislaba del cuadro general literario. Hoy se entiende que es una expresión literaria que hipotiza sobre tiempos y lugares diferentes al nuestro, en lugares desconocidos e imaginarios atados al nuestro a través de la fantasía y de la ciencia.

No relata solamente historias sobre naves, robots, planetas imaginarios y extraterrestres. Trata también de sugerir algo que va más allá de esos significados: utopías, esperanzas, hipótesis, proyectos y rebeliones fantacientíficas.

Es difícil demostrar que la ciencia ficción es literatura, tanto como puede serlo una novela histórica o una historia de amor, porque provoca reacciones opuestas en los literatos. Pero sí han sido descritas como novelas científicas que proponen ideas de vanguardia sobre un futuro imaginario en formas diversas. La ciencia ficción, cuando no renuncia a su integridad expresiva, contribuye a producir módulos narrativos que captan las contradicciones del presente, proponiendo nuevos modelos existenciales. Cuando se mezcla ciencia e imaginación, los resultados fantásticos sugieren claramente otros mundos increíbles y lejanos.


Ello nos lleva a interpretar nuestras impaciencias sociológicas, nuestros mundos milimetrados, nuestras falsas ideas discutibles, imaginando, en cambio, nuevos esquemas socio políticos en un contexto innovador. Este sentido que podemos llamar de lo «irreal maravilloso» nos consiente viajar con la imaginación y visitar una sociedad por descubrir, gracias a las narraciones de los escritores contemporáneos. Narraciones tanto poéticas, filosóficas, científicas, como indudablemente literarias, a las que llamamos ciencia ficción.

Hay quien afirma que la ciencia ficción en inglés empezó en el año 1926, cuando Hugo Gernsback ideó la palabra «science fiction». Luego se fue extendiendo en todos los países y en todas las lenguas con bastante popularidad entre lectores de todas las edades. Esta nueva literatura nos crea emociones nuevas y estimulantes ya que envuelve a todo el universo desde el inicio de los tiempos a otros mundos finales. Está escrita para quienes se preocupan del futuro y sienten la necesidad de pensar y de soñar, explorando conceptos sorprendentes sobre las posibilidades y los problemas del progreso tecnológico.

La ciencia ficción es diálogo. Es el encuentro entre elementos imaginarios y la prosaica realidad práctica, el cual explora un futuro a través de la ciencia. ¿Y la naturaleza? ¿Qué le debemos a cambio de su generosidad? Nuestra imaginación se desborda encontrando nuevos seres, otros genes y vidas en mundos asombrosos. Como nuestro presente se ha convertido ya, en realidad, en un mundo fantacientífico, nos envuelven nuevas emociones con antiguos intereses humanos. Vivimos fascinados de nuestras experiencias tecnológicas, de nuestros miedos ancestrales, de nuestras esperanzas en un mundo nuevo. Por lo tanto, escribir ciencia ficción nos da la oportunidad de explorar nuestros sueños para sentirnos arqueólogos de nuestro propio mundo interior.

A dos metros bajo tierra... yo también, Por Carlos Daminsky

Uno se hace viejo... Sí. Algunos síntomas. En el plano material: Me hago inmune al alcohol, por mucho que beba ya me quedo igual. En el plano espiritual: Comienzo a hacerme apocalípticas preguntas; ¿cuánto viviré? ¿Cuándo y cómo moriré? E incluso chocheo preguntándome: ¿Por qué tengo que morir? Y después de todo esto se me ocurre hacer un artículo de opinión, a lo mejor como testamento; quién sabe... Por eso, he colocado un espejo en la pared para poder mirar lo que hay detrás cuando estoy tecleando en mi PC. Así, si se presenta algún tipo encapuchado con sotana negra y un extraño apero en su mano, no me pille de improviso el muy cabroncete.

De todas formas si por lo que fuera al final se presentara susodicho enlutado, me gustaría poder hablar un rato. ¿Por qué no? ¡Claro!, no hay que ser tan soso. Qué para eso somos homo sapiens, joder.

Y podría hablar de... ¡¡Ciencia-ficción!! ¡Oh, no!... Oh, sí. Pero a lo mejor en un minuto se habría acabado la conversación... o monólogo, pues el tipo de negro no estaría mucho por la labor. Ya sabéis... los rollos metafilosóficos que habrá tenido que aguantar a lo largo del tiempo. Es normal, hay que ser comprensivo. Podría soltarle un chistecillo; «majete, no hablas mucho, pareces que estés muerto». O mejor; «estás algo pálido, ¿es qué no comes bien?»

Bueno intentaría con lo de la Cifi de nuevo, y le diría que para ciencia-ficción “dura” ya tenemos las noticias de los telediarios. ¿Cuánta gente habrá palmado hoy? ¿A cuántos habrán asesinado hoy? Y a lo mejor con esto hiciera que el enlutado hiciera un pequeño gesto, como de interés. Quizás moviera, casi imperceptiblemente, su extraño apero. O posiblemente, su capucha se inclinara ligeramente... Sí es qué cuando a uno se le habla de lo que le interesa.... la cuestión es encontrar las cosas que unen...

Bueno, también podría a empezar a soltarle una buena apología acerca de todos los libros en los que sale como protagonista. Pero yo creo, que esto no sería bueno. Se le subiría el ego. Y un tipo así, con ese apero de hoja curvada y esas pintas tan siniestras, suelto por ahí sería un peligro público. Imagínense la que podría liar sí se le va la mano y no respeta las fechas establecidas para nuestras defunciones. Mal rollo. Lo que pude hacer la fama...

Y si ya la conversación llegara a un punto muerto, podría intentar usar la técnica del dedo señalando hacia un lado. «¿No te habrás confundido, no será aquel tipo de allí?»... En definitiva, todo excusas para alargarme. Porque el encapuchado este es muy terco y cabezón, no sé va. Ya me tiene fichado. Y encima no me he afeitado. Qué le vamos a hacer.

Bueno por lo menos que me deje a dos metros bajo tierra... tranquilito.

Mi HERMANITA, por Tanya Tynjälä

Aún recuerdo el día en que “ella” Llegó a casa. Fue el mismo en que mi hermanita dijo “ma”. Se la compraron como premio por su primera palabra.
Al primer vistazo, pude sentir su maldad. No sólo era la muñeca de trapo más fea que hubiera visto, sino que además sus ojillos de botón brillaban con un odio feroz.
A mi hermanita sin embargo, le fascinó. Estoy segura que algún encantamiento le lanzaría.
—¿Qué pasa? No estarás celosa.- Me preguntó mamá al verme tan seria y silenciosa.
—No… solo que… ¡Es tan fea! Tiene un ojo más arriba que el otro, no tiene nariz y su boca torcida no está completamente cerrada… parece como si tuviera dientes afilados. ¿Y por qué su pelo de hilo está tan anudado y sucio? ¡Y ese color verde!
Papá rió.
—¡Exageras! ¡Tampoco es tan fea! O más bien, su fealdad es parte de su encanto. Además a tu hermanita le gusta y es para ella. La próxima vez que aprendas algo nuevo, te compraremos un juguete a ti. ¿Te parece?
Así dieron nuestros padres por terminada la discusión. Colocaron a mi hermanita en su corralillo y se sentaron a ver la tele. Era mi programa favorito, pero no podía concentrarme en él, pues me era imposible despegar los ojos de la pequeña besando y abrazando a esa horrible muñeca que no me inspiraba confianza. Fui a mi cuarto y escogí la más bonita Barbie que tenía. Bajé rápidamente y traté de intercambiársela a por la muñeca fea. Ella empezó a llorar. Mama se acercó de inmediato y me arrebató la Barbie bruscamente de las manos.
—¿Pero no te he dicho que estas muñecas no son adecuadas para una niña tan chiquita? ¿Qué quieres? ¿Hacerle daño a tu hermanita?
Y es que desde que ella había nacido, nuestros padres no dejaban de preguntarme qué era lo que sentía por ella, que si pensaba que ya no me iban a querer tanto al no ser más el bebé de la casa… Y por más que trataba de explicarles que me sentía muy feliz de ya no estar sola y de ser la hermana mayor, ellos parecían descubrir en cada uno de mis actos signos escondidos de mis supuestos verdaderos sentimientos. “Sentir celos es normal”, repetían. Entonces ¿Por qué hacían tanto problema con el asunto?
Es así como todos mis intentos por deshacerme de esa muñeca, fueron interpretados como ganas de llamar la atención o como odio reprimido o como no sé qué otras cosas más hasta el punto de llevarme al doctor.
Yo traté de explicarle a él lo mismo que a mis padres: había algo maligno en esa muñeca y estaba segura de que terminaría por hacerle daño a mi hermanita. La prueba era los pequeños arañazos que misteriosamente aparecieron en su cuerpo ni bien llegó a casa. Y no, por supuesto que yo no los causaba. Él, claro, (al igual que ellos) le echó la culpa a mi gran imaginación y dijo además que los arañazos eran muy naturales en un niño pequeño que aprende a conocer el mundo. Agregó que me notaba un poco tensa, pero que no había motivos para alarmarse. Me prohibió ver tanto la tele (“Sobre todo programas violentos” –Dijo- “Y hay que desconfiar de los dibujos animados, algunos son bastante agresivos”) y me recetó pastillas para relajarme y dormir mejor. A lo primero tuve que resignarme, pero a lo segundo me negué. Mamá ponía la pastilla en mi boca y en cuanto ella se descuidaba, yo la escupía. Por suerte. De lo contrario no habría estado despierta esa noche.
Un extraño sonido proveniente del cuarto de mi hermanita me despertó. Era como si un objeto fuera arrastrado por el piso. Me levanté y cuidando de no hacer ruido me dirigí para allá… es ahí cuando mis sospechas se confirmaron.
La muñeca estaba sobre el pecho de mi hermanita, con su asquerosa boca exageradamente abierta, mostrando sus inmensos y puntiagudos colmillos. Parecía como si absorbiera el aliento del bebé, mientras ella, inocente, dormía. Sus labiecitos comenzaron a ponerse morados. Grité mientras saltaba hacia su cuna y de un golpe, lancé a la muñeca hacia la pared. Mi hermanita se despertó bruscamente y empezó a llorar desconsolada.
Nuestros padres se precipitaron al cuarto. Sus miradas de horror y desconcierto fue lo que más me hirió. Por supuesto no creyeron mi historia. Empecé a ver al doctor dos veces por semana en vez de una y contrataron un a niñera que debía vigilarnos constantemente, además de dormir en el mismo cuarto con mi hermanita. Quizá pensando ser considerados, me dijeron que esto no tenía nada que ver con el episodio nocturno, sino con el hecho de que el doctor la había encontrado un poco baja de peso para su edad y demasiado cansada. En ningún momento se les ocurrió relacionarlo con la llegada de la muñeca. Probablemente pensaban que en eso también yo tenía algo que ver. Fuera como fuera, yo me sentí aliviada con la presencia de Ana en la casa. Si la bebé no se quedaba sola, la muñeca no podía hacerle daño.
Sin embargo la tranquilidad no duró mucho. Mis padres salieron al teatro esa noche. Ana nos preparó de comer y luego se puso a ver la tele conmigo, mientras mi hermanita jugaba en su coralillo. A Ana le parecían exageraciones del doctor y de mis padres todo lo concerniente a mi “problema”, así que en cuanto podía, quebraba las reglas. Era casi mi cómplice. Inclusive a ella tampoco le gustaba la muñeca así que la dejaba en el cuarto a la primera oportunidad. Ella era mejor que yo para convencer a mi hermanita de cambiar de juguete.
De pronto sonó el teléfono. Ana contestó como si hubiera estado esperando la llamada. Era su novio. Estaba en el ejército y tenía esa noche libre. Quería verla y ella aceptó.
Sacó a mi hermanita del coralillo y la puso a mi lado.
—Tengo algo importante que hacer.
—¿Ver a tu novio? ¿Por qué no viene acá?
—Porque…—Dijo un poco incómoda—no le gustan los niños. ¿Entiendes? Sólo me tardaré unos minutos.
—Mamá dice que no puedes dejarnos solas.- Repliqué alarmada.
Ana suspiró y miró al techo mientras negaba con la cabeza.
—Sí, esa tonta idea de que le vas a hacer daño a tu hermanita. Mira, no debes escuchar esas estupideces.—Me decía mientras me tomaba el rostro en sus manos.— Tú eres una niña buena y responsable. Te juro que me quedaré sólo unos minutos. He sacado a la niña del corralillo, así te puedes ocupar de ella si necesita algo. No queremos que te hagas daño tratando de sacarla de allí. ¿No?
Y diciendo esto se levantó, y tomo su bolso para dirigirse a la puerta.
—¡Pero “esa” le puede hacer daño!
Ana paró en seco y se volvió hacia mí
—¡Ah! Sí, la historia de esa horrible muñeca. —Me empezó a hablar con ese ridículo falso tono ceremonioso que tiene los adultos al dirigirse a los niños: igual que si fuéramos tontos.—No hay nada que temer. Está en el cuarto. Ni ella puede bajar las escaleras ni tu hermanita puede subirlas pues las barreras se lo impiden. Ahora me voy solo a la cafetería de la esquina. Nada más que por cinco minutos, te lo prometo. ¿Qué puede pasar en cinco minutos? ¡Por favor! ¡Pórtate bien! No tardaré.
Fue la primera vez que me di cuenta lo terrible que puede ser romper las reglas. En cuanto la puerta se cerró, empezaron los murmullos. Decidí ignorarlos y me puse a jugar con mi hermanita. Luego ya no fueron murmullos, sino claramente su nombre. La muñeca la llamaba. Mi hermanita empezó a gatear hacia la escalera. Yo corrí hacia la salida y abrí la puerta para ver si Ana aún estaba cerca, pero no pude verla por ningún lado. Es más, me parecía que toda la calle estaba desierta. Cuando regresé al salón, mi hermanita estaba por la mitad de la escalera. ¿Cómo logró ella abrir la barrera de seguridad? Subí precipitadamente, puede ver que la barrera de la segunda planta también estaba abierta y tuve miedo, mucho miedo. Trataba de convencerla para que baje. No me atrevía a cargarla, temía que se me cayese de los brazos. No podía detenerla. ¿Cómo hacerlo si yo sólo tenía 6 años? Pero traté, con todas mis fuerzas, lloraba, le suplicaba, le prometía cosas. Traté, juro que traté.
Llegamos a la puerta del cuarto. La muñeca seguía llamándola. Decidí entrar y enfrentármele. Encendí la luz. Recorrí todo el lugar con la mirada sin poder encontrarla.
—¡¿Qué quieres?! ¡¿Qué buscas?! ¡¿Por qué quieres hacerle daño a mi hermanita?! –
El cuarto se encontraba en completo silencio. Entonces se lo dije y me salió del corazón. Sí, realmente del corazón. - ¡No le hagas daño, por favor! ¡Tómame a mí! ¡Lo que quieras hacer, hazlo conmigo!
La puerta se cerró detrás de mío y un fuerte golpe en la cabeza me hizo desmayar, no sé por cuanto tiempo. Cuando desperté el cuarto estaba tan oscuro… no podía distinguir nada. El terror se apoderó de mí. ¿Estaba muerta? ¿Entonces, eso era? ¿La muñeca me había intercambiado por mi hermanita? ¿Y qué había pasado con mi…?
—¿Hermanita?
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—Es un caso muy extraño. – Explicaba el jefe del departamento de psiquiatría a la joven residente.- Hace ocho años que está aquí y no muestra el más mínimo cambio. Se aferra a su historia, que sigue siendo tan coherente como el primer día. Inclusive parece sincera cuando habla del amor que siente por su hermana. Para ella, todo sucedió tal y como lo cuenta. Esa es su realidad.
La joven observaba por la ventanilla de la puerta a la adolescente que, sentada en el suelo no dejaba de arrullar una muñeca de porcelana.
—¿Y esa muñeca? ¿De dónde salió?
—Ese es otro misterio. Nadie lo sabe. Los padres jamás compraron una muñeca así. Las dos niñas eran muy pequeñas para un juguete tan delicado. La aparición de esta muñeca es tan misteriosa como la desaparición de la muñeca de trapo y de la pequeña. La policía jamás pudo encontrar el cuerpo. Pero… todo hace suponer que está muerta.
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No sabía lo que quería, no sabía cómo defenderte. No podía imaginar que lo que deseaba era jugar contigo para siempre en su mundo. Y ahora lo único que te une al nuestro es este cuerpo de porcelana.
Quizá haya alguna manera de hacerte volver. Quizá encuentre la manera de liberarte de tu prisión de porcelana. Mientras te mantengas entera, mientras no te rompas, quizá puedas regresar. Debo encontrar el modo, debo encontrarlo. Mientras tanto, no te preocupes hermanita, yo te protegeré, yo te protegeré.

©Tanya Tynjälä. Prohibida la reproducción sin la autorización del creador.