viernes, 27 de agosto de 2010

CASPA-FICCIÓN O LA ETERNA UTOPÍA AUDIOVISUAL, por Jorge Zarco Rodríguez


Hay temas y temáticas que de entrada están condenados al ostracismo en nuestro país; como que temas como la ciencia ficción. Esas son cosas que corresponden a los anglosajones por naturaleza. Pues hay un desprecio evidente, asumido hacia el género desde las altas esferas de la “cultura” por parte de esa mentalidad no asumida de que el asunto es un desecho de la nostalgia infantil y juvenil y que los hombres “hechos y derechos” (la gente "normal") solo piensan en cosas racionales sin despegar los pies del suelo.

Además el cine español es un cine pobre, limitado a un indiferente mercado interno que por naturaleza lo rechaza, (salvo el caso que uno pueda ir borracho o drogado a la sala a gritar salvajadas como en las más odiosas muestras de “cine popular”) y condena al fracaso a la gran mayoría de películas que compiten en una especie de fiesta de cumpleaños cruel donde un centenar de niños se matan por una ridícula porción de tarta al grito de ¡UN DOS TRES AL ATAQUE!, por no olvidar a cierto subnormal de la cultura “respetable” que afirmaba que la C-F era por naturaleza “mala para la mente”, en un alarde de soberbia despreciativa propia del que se las da de librepensador y a la vez va ejerciendo de verdugo en una doble moral de lo más repugnante. De ahí que los escritores del género españoles no han superado una injusta condición de “artistas minoritarios” que no les hace ningún favor a largo plazo y las películas españolas bajo tan "despectivo" sello, se hundan en el fango de la indiferencia.

A falta de trigo que cosechar, nos queda la cizaña a la que agarrarnos de forma desesperada. Desde títulos de los años 30 ya perdidos como “Al HOLLYWOOD Madrileño”, “El hotel eléctrico” del gran Segundo de Chómon en los años 20, pionero olvidado como su maestro George Melies. Si el cine español siempre ha sido pobre, el cine de caspa-ficción a la española siempre ha sido sencillamente miserable, siempre por cuestiones de presupuesto; ¿acaso existe un caso en toda su historia donde la ambición de su propuesta se ha visto felizmente compensada a nivel visual sin que se eche en falta una evidente escasez de medios a todos los niveles, aparentando serie B en la más ambiciosa de las intentonas para no aparentar serie Z?.

¿O simplemente inoperancia ante algo que ni se entiende ni se comprende?. claro que carecemos de ese barroquismo exótico de los mejicanos, la falta de prejuicios (y vergüenza) de los italianos o la megalómana ambición de los franceses que se han tomado en serio el asunto sin ese vergonzoso complejo de inferioridad que sacude al resto de los europeos. Los británicos siempre serán como grandes madres del género junto al gran padre USA, y pienso de comer aparte han sido los rusos con el caso de Andrei Tarkovsky. O como un director “serio” y respetable tocó el género de forma no ya digna sino sencillamente magistral, sentando cátedra en el mismo. O el insólito Federico Fellini de “ROMA” –75- con dos episodios alucinantes: unas excavaciones en el metro que sacan a la luz catacumbas romanas y un caballo blanco corriendo por una autopista azotada por la lluvia, el viento y una interminable multitud que hace pensar que Ridley Scott debió tener muy presentes dichos fragmentos para visualizar sus clásicas “Alien” –79- y “Blade Runner” –82-, y algo que casi nadie menciona es que Fellini pensó rodar una película del género con diseños del gran Jean Giraud Moebius. Proyecto imposible en su día y que pertenece al limbo de las obras que nunca veremos.

Pero, ¡ay! En España decir que hacías C-F era como decir que escribías novelas de a duro del espacio, con el pseudónimo de GEORGE H. WHITE (Pascual Erguídanos Usachs), LARRY WINTERS (José Caballer), A. THORKENT (Ángel Torres Quesada) o RALPH BARBY (Rafael Barberán), etc... todos ellos maestros a reivindicar. Con la curiosa excepción de Enrique Gaspar, autor de la insólita “EL ANACRONÓPETE” que se adelantó unos años a “La máquina del tiempo” de H.G. Wells, al igual que Segundo de Chomón inventó el travelling y el stop-motion antes de George Pal y Ray Harrihausen pero desconocía una cosa llamada derechos de autor.

Por eso, los intentos de C-F en españa siempre han sido mal que nos pese, caspa-ficción y no solo por falta de medios sino también de talento y de iniciativa por parte de autores serios por atreverse con el género, aun a riesgo de ser descalificados por sus colegas de gremio. Narciso Ibáñez Serrador lo intentó en TV con “Mañana puede ser verdad” , adaptando textos de Ray Bradbury entre otros, y no estaba mal, pero la operación no tuvo continuidad. Lo mismo que “La cabina” –72- de Antonio Mercero con un magistral José Luis López Vázquez y su metáfora sobre la insolidaridad, en un hombre que es dejado morir en una cabina de teléfonos sin que nadie le dé a entender porqué. “Fata Morgana” con guión de Gonzalo Suárez y dirección de Vicente Aranda fue el único intento de estilo apocalíptico en una Barcelona desierta al borde de la destrucción, más cercana a cine experimental que al género. Más terror que C-F era “Miss muerte” del todo terreno Jesús Franco y el abiertamente gay Eloy de la Iglesia llegaba a lo demencial con un marciano remake de “La naranja mecánica” con “UNA GOTA DE SANGRE PARA MORIR AMANDO” –73-.

Más bien intencionadas que acertadas y tratando el género desde lejos, como si temieran quemarse las manos, los intentos más lanzados tenían una evidente vocación suicida a caer en el ridículo. Cosa que le solía suceder al siempre voluntarioso Juan Piquer Simón con la entrañable “Viaje al centro de la tierra” –77- (su mejor película), Las demenciales “Super sonic man” –80-, “Los nuevos extraterrestres” –83-, “Slugs: muerte viscosa” –87-, “La grieta” –89- antes de frecuentar la serie Z a su pesar. Nunca dio en el clavo, pero su insistencia al igual que Jesús Franco lo convierte en un caso insólito por su osadía en un panorama no muy tolerante hacia las voces disidentes.

Ya dentro del sistema, el intento más serio (es un decir) lo protagonizó el comediante Fernando Colomo con “El caballero del dragón” (85) versión en clave extraterrestre del mito de San Jorge y ejemplo perfecto de cómo la falta de talento y la inoperancia de la puesta en escena (más cercana a la comedieta de la época que al fantástico), echan por tierra un reparto de primera : Klaust Kinsky (que volvió el rodaje una pesadilla), Harvey Keytel , Miguel Bosé emulando al David Bowie más galáctico o Fernando Rey con cara de no creerse su papel. Notables diseños del dibujante Enrique Ventura y efectos más currados de lo normal no salvaron un guión de Andreu Martín que posiblemente fue mamoneado por la falta de medios necesarios y un Fernando Colomo al que la empresa supera en todo momento; solo una escena: la nave que brota de una niebla en la que se hunden el extraterrestre y su princesa, da una idea de lo que pudo ser y no es, tan ambiciosa como fallida propuesta. Solo la música de José Nieto estuvo a la altura de las circunstancias.

Después, silencio absoluto hasta 1992, año del quinto centenario del descubrimiento de América y que dio dos propuestas que crearon más que nada, falsas esperanzas de contínuidad: la marciana (nunca mejor dicho) “Supernova” de Juan Miñon con una Marta Sánchez pasadísima de rosca y la eternamente sobre valorada “ACCIÓN MUTANTE” por ser el más ambicioso intento a nivel de producción industrial hasta la fecha y que dejó una bacante a superar que nadie ha ocupado desde entonces; de ahí que más de uno hable de ella con un exceso de entusiasmo que un servidor jamás ha compartido ni de lejos. Quizá por ser el primer ejemplo que abordó el género desde dentro, sin ese sentimiento de patética inferioridad con que se le había tratado siempre, casi con vergüenza. Pero su megalomanía en forma de efectivo diseño de producción ocultaba las más bien escasas bondades del conjunto; un sadismo gratuito que usa el gore y a la vez reniega del mismo, un tratamiento de los personajes femeninos casi feminicida, unas caidas de ritmo que invitan al sopor y un guión caótico con unos diálogos de comic underground de tercera. Siempre me he preguntado si no fue la euforia del momento; el nacimiento de una nueva generación de directores tras la crisis de los 80, lo que decidió a Almodóvar financiar este tebeo lleno de mutantes y subnormales masácradores de niños píjos y nuevos ricos que fue elevado por el fandom de fanzineros y oportunistas hasta los altares de una discutible modernidad, que olía a podrido a kilómetros y cuya sinceridad era más que discutible; ya saben: “Hablando bien de ti, hablo bien de mí y de paso me doy publicidad”. Además, la broma (pesada) había costado 350 millones de pts y había que amortizar los costes, ya fueran sus caros decorados o su caótico rodaje que casi se saldó con alguna tragedia. Al fin y al cabo ahí estaba una vaca sagrada como Almodóvar para proteger a su niño de la hostilidad de los medios de siempre que no la trataron con mucha benevolencia, más allá de ciertos oportunistas dispuestos a subirse al nuevo juguete de la modernidad. Era la apuesta a la española del cine basura de la norteamericana TROMA.

Se despertaron esperanzas de continuidad en el fandom de la C-F al evidenciarse que nuestro problema no era un “Quiero y no puedo”, sino un “puedo y no me sale de los cojones”. ¿Podría hacerse C-F aquí sin llevarnos las manos a la cabeza y pedir perdón por semejante sacrilegio?, si no fuera por que:
1- No nos tomamos en serio a nosotros mismos y nos invade constantemente el sentido del ridículo y la impotencia por no llegar más allá de lo que desearíamos.
2- El terror es el único de los géneros fantásticos con el que nos atrevemos con cierto éxito por su bajo coste y éxito asegurado.
3- La taquilla nunca responde como quisiera y más en este país que nunca ha sido muy aficionado a rascarse el bolsillo por diversas razones. Sobretodo en estos tiempos de pirateo gratuito.
4-Al igual que le pasaba a los italianos, el público siempre se hace el gracioso con aquello que no se cree y con los subproductos a cuestas, las risas van que vuelan por que aquí siempre hemos ido de pobretones y nunca hemos tenido los medios exigidos o deseados por la evidente hostilidad de un mercado interior que salvo contadas ocasiones, no responde a las expectativas.
5- Aquí arrastramos un inconsciente prejuicio hacia los artistas que se remonta desde los tiempos del imperio romano, de ahí que un artista caído en desgracia, despierte el orgasmo en los resentidos, pero el peor de los castigos es la indiferencia. De ahí que un servidor menciona aquí películas que la gran mayoría ni recuerda ni conoce.

Hasta 1995 el catalán Oscar Áibar, proveniente del cómic como Álex de la Iglesia, no se atrevió a reincidir con “ATOLLADERO”, mezcla de C-F y WESTERN cuyas buenas intenciones chocaron con unas condiciones de rodaje hostiles a más no poder que echaron de por tierra sus buenas intenciones. Su trama de cazadores de hombres, comandados por un Iggy Pop y Joaquín Hinojosa a la caza de Pere Ponce tenía posíbilidades. Pero Félix Rotaeta fallece durante su rodaje y Áibar no tuvo un Almodóvar que le cubriese las espaldas, y “Atolladero” nunca se estrenó en uno de los casos de distribución y exhibición más vergonzosos de los 90.

De hecho, Nacho Vigalondo por poco no logró exhibir su intento de C-F a la española con todos los riesgos que eso lleva consigo: “LOS CRONOCRÍMENES”, rodada en 2OO6 y no estrenada hasta 2008. España sigue siendo “diferente”. Otros intentos como la fallida “Fausto.0” de Isidro Ortiz, concebida como un espectáculo de “La fura dels baus” o las nunca rodadas por excesivo coste (o diferencias creativas) “Avatar” de Elio Quiroga, que estrenó con total ignorancia de los medios, “La hora fría” –2007- y el “prestigioso” Agustín Díaz Yanes con “MADRID SUR”, con una capital hundida bajo las aguas y que terminó acojonando a su responsable por su descomunal despliegue de medios necesarios. Temeroso quizá de suplicar coproducción con los americanos y que el intento se saldara con un caballo de Troya desbocado como le ocurrió al francés Mathieu Kassowitz con la desastrosa “Babilon a.d.” – 2008- Su visión de una España superpoblada y ultra contaminada no es en absoluto una utopía . En cambio las inoperantes “La mujer más fea del mundo” –99- de Miguel Bardem y “Rottweiller” –2004- del oportunista Brian Yuzna solo merecen el olvido.

“ABRE LOS OJOS” –97- del que es el director más afortunado de la historia del cine español, el chileno Alejandro Amenábar, utiliza el género a modo de sorpresa final, pero lo trata desde la distancia, dentro de una trama de terror suspense que es la autentica protagonista . Inspirándose lejanamente en el magistral “UBIK” de PHILIP K. DICK, donde la realidad virtual es utilizada para ocultar que quizá estemos todos muertos. La verdad es que aun rebuscada y algo tramposa, “Abre los ojos” resulta digna pese a que varios visionados sacan a la luz sus manipulables trucos de artifício.

Y por último: “NAUFRAGOS” –2002- de María Lidon alias Luna. Ejemplo al igual que “El caballero del Dragón” de cómo un/a realizador/a sin ambición puede no controlar el más ambicioso de los proyectos: 800 millones de pts , decorados reciclados de “SPACE COWBOYS” de Clint Eastwood y un reparto de estrellas “mercenarias”: Pepe Sancho, Joaquín de Almeida, María de Medeiros, Luna Lunera y un insoportable Vincent Gallo con cara de pasar de todo, y que lo único que buscaba como un Klaust Kinsky cualquiera, era sexo a malsalva (que lo consiguiera es otra cosa) y todos ellos con cara de mínimo esfuerzo y vacaciones pagadas. Semana en taquilla, total ignorancia de medios y público y después silencio absoluto.

Si los ejemplos se cuentan con los dedos de una mano, imaginen con las dos. No nos caracterizamos precisamente por nuestra tolerancia hacia lo que se sale de lo normal. Quizá por eso Fernando Fernán Gómez solía decir por experiencia propia, que el pecado capital de los españoles no es la envidia, sino el desprecio. En este caso, desprecio hacia el género que amamos, mal que nos pese.

Posdata: La opinión sobre las películas es la opinión de un servidor, si te gustan algunos de los títulos que he puesto a parir, estas en tu derecho.

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